Óleo sobre madera
0,60 x 1,20 m
COLECCIÓN PRIVADA
En el centro de la flor habita la Madre.
Su presencia aparece contenida en la vesica piscis, símbolo ancestral del espacio de gestación, del lugar donde la vida comienza a tomar forma. La Madre, la Diosa, Nut, la Gran Madre… distintos nombres para una misma fuerza creadora que atraviesa culturas y tiempos.
Desde ese centro, la creación se despliega. Los pétalos representan sus diferentes niveles y manifestaciones: infinitas formas que nacen de un mismo origen y conservan, en su expansión, la memoria de la fuente.
La Diosa es el movimiento de la vida: creación, transformación y muerte, un ciclo continuo en el que nada permanece y todo vuelve a transformarse.
Una misma fuente, infinitas formas.
La vida desplegándose en un eterno devenir.
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