Óleo sobre madera
0,60 x 1,20 m
ColECCión Privada
Una celebración del Divino Femenino como fuerza creadora de vida.
La flor se abre como un cuerpo que da forma, sostiene y nutre. Sus pétalos contienen el gesto de la apertura y del nacimiento; sus raíces recuerdan que toda vida está sostenida por algo que la precede y la alimenta.
El femenino aparece aquí como principio creador, no como una figura concreta, sino como una fuerza presente en la naturaleza: fértil, cíclica y transformadora. Una energía que recibe, gesta, da vida y devuelve a la tierra.
Las formas que rodean la flor evocan semillas, ojos y nuevos brotes: vida que contiene vida, creación que nace de la creación.
Un homenaje a la Madre como origen y a la fuerza femenina que, desde el principio de los tiempos, da forma a la existencia.
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