Óleo sobre madera
0,60 x 1,20 m
Disponible
La sangre, la savia, el pulso de la vida.
Una fuerza que atraviesa la materia y la hace vibrar, crecer, transformarse. El rojo y el amarillo se encuentran como fuego y sangre, como impulso y energía, como aquello que arde y aquello que nutre.
La vida no es quietud: es movimiento, expansión, deseo de existir. Una fuerza primordial que asciende, desciende y se abre camino, llevando consigo la memoria de la tierra y el impulso de la creación.
Sangre. Savia. Vida.
La fuerza invisible que nos habita y que, sin pedir permiso, nos hace estar vivos.
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