Óleo sobre tela sin bastidor
1 x 1 m
Disponible
En el corazón de la flor aparece el ojo: la conciencia que observa, que percibe y que se reconoce a sí misma.
La flor se convierte en un territorio vivo donde naturaleza y conciencia se encuentran. Sus formas orgánicas hablan de una vida que se despliega, se transforma y vuelve a comenzar, mientras el ojo permanece en el centro como presencia y testigo.
Mirar hacia fuera y mirar hacia dentro son, en realidad, un mismo movimiento. La conciencia no está separada de la naturaleza: forma parte de ella, la atraviesa y se expresa a través de sus infinitas formas.
La vida contemplándose a sí misma.